2016-07-11 Hoy fuimos de nuevo a la playa da Ponte do Porco. Pero nada fue igual.

Hoy venía Anxo, al que no le gusta tanto improvisar, ni las arenas, ni varias cosas más.
Hoy la marea estaba baja y había desaparecido el río donde Quitapenas nadaba, y hacíamos de sirenas y de cocodrilo.
Pero al estar allí, pudimos ver mil cosas que también nos gustaban.
Las conchas, los moluscos, las arenas movedizas, las charcas.
Allí tuve una revelación. Nadie puede cambiar si no le interesa y a Anxo no le interesa lo mismo que a mí.
Sufre con muchas cosas que a mí me dan la vida.
Al ir hacia las rocas, los cuatro, vivíamos inmersos en todo cuanto nos rodeaba, pero Anxo se quedó atrás.
Lo fui a buscar pero ya estaba enfadado.
Le dije que fuera a por los niños,yo me quedaba ahora con las cosas en las toallas y así él podría hacer lo mismo con ellos, vivirlos.
Pero al volver, venían todos separados, él por la arena seca ya que se le hundían los pies, ellos de regreso.






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